El papel de la monarquía está siendo más que
cuestionado. Las continuas novedades en
el caso de corrupción Nóos, en el que está imputado el yerno del rey, Iñaki
Urdangarin, y en el que ha sido imputado recientemente el secretario de las
infantas, Carlos García Revenga, hacen aún más duras las críticas hacía la
familia real.
García Revenga es la
segunda persona allegada a la casa real a la que se le imputa en una trama de corrupción
y a pesar de ello la familia real no ha visto motivos suficientes como para
destituirle como secretario de las infantas, ya que así sigue apareciendo en la
página oficial. El que ya no lo hace es Urdangarin, quien poco a poco se ha ido
desvinculando de la casa real.
El rey Juan Carlos debería haberse hecho notar más en estos
asuntos, ya que lo que se está dañando y poniendo en entredicho es el papel de
la monarquía. El monarca tenía que haber diferenciado desde el primer momento
su papel como yerno y su misión como rey.
Tras la reciente abdicación de la reina Beatriz de Holanda, se plantea la cuestión de si el rey de España debería seguir sus pasos y dejar
a su hijo, el príncipe Felipe, que fuera quien se encargase de separar a la
familia real de la trama de corrupción y mirar por el futuro de la monarquía. Ha llegado el punto de que se deje paso a la
siguiente generación. El príncipe Felipe es quien tiene que sacar fuerzas para
recuperar la imagen que se tenía de la casa real y la desvincule, de forma
tajante, de todo aquello que les perjudique.
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