La presencia policial en el ámbito político es cuanto menos destacable. En especial en las manifestaciones. La última tuvo lugar el sábado 23 de febrero, coincidiendo con el aniversario del golpe de Estado, donde se celebraba una manifestación contra los recortes. Fueron aproximadamente 2.000 agentes de la Policía Nacional los que debían velar por la seguridad de los ciudadanos. Pero como de costumbre quien debía ser nuestro aliado se unió en nuestra contra. Lo que debía ser una marea ciudadana pacífica se convirtió en cargas entre la policía y los manifestantes.
Los altercados del sábado pasado no son los únicos. El 25 de septiembre de 2012 se pudo ver como varios agentes de la Policía se metían en la estación de cercanías de Atocha y cargaban contra los pasajeros sin ninguna consideración. Y como estos, podríamos seguir enumerando altercados.
A pesar de la detestable actuación de los cuerpos que deben velar por nuestra seguridad cabe decir que no siempre la responsabilidad es suya. Siempre hay algún vándalo o contrario al régimen que comienza a quemar contenedores o empieza a lanzar piedras o botellas contra los agentes y acaba desatando el caos.
Ya se trate de antidisturbios, de mossos d'esquadra o de la policía lo que está claro es que no deberían pagar justos por pecadores, no se les debería permitir cargar contra aquellos que no son causantes de las alteraciones. No se debería tolerar que aquellos que están para vigilar por nuestra seguridad agredan sin miramiento a ancianos o niños, que probablemente nada tengan que ver con la quema de contenedores.
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